Friday 23 de September de 2005
Me invitaron a dar una conferencia en una prestigiosa universidad. Motivó la invitación la gran capacidad que tengo para rascarme las orejas después de bañarme y eso sorprende e intriga a mucha gente. Por ejemplo, el organizador reconoció que era una estupidez montar una conferencia para un tema así pero insistió en que a ellos les parecía tan fascinante que mucha gente estaría interesada en conocer la historia.
Y así fue. Me presenté en una bata blanca recién lavada y procedí a hacer una representación del momento exacto en el que termino de bañarme y me ocupo de mis oídos.
Uno de los asistentes me preguntó con qué frecuencia hacía eso y respondí que lo hacía a diario, como dándole a entender que soy una persona pulcra y metódica. Otro me preguntó si era muy complicado. Sonreí y le dije: “mire, no sabría decirle si es fácil o no, pero piense que por algo me invitaron a este lugar y también por algo usted está ahí sentado preguntándome una cosa así”. El hombre sonrió y empezó a practicar en ese mismo instante. Todo el auditorio se dio vuelta y comenzó a mirarlo. La verdad es que le salía muy bien.
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