Thursday 1 de March de 2007
El de la tintorería me mira siempre con una cara como si nos conociéramos de toda la vida, sonríe y me dice: “¿y, qué tal?” Y yo siempre me odio por decirle “qué día, eh” y el tipo se prende de una y tira la del calor. Yo, por no ser menos, le digo: “Y claro, con estas planchas acá…”
En el super, según la cajera o el cajero, me preguntan por la discoplus y en el ticket me recuerdan los puntos que hubiese ganado. Menos una vez, que el tipo me preguntó si le quería donar los puntos a la señora que estaba atrás mío. Le dije: “Y dale, antes que donárselos a Favaloro que está muerto…”
El viejo del kiosco es un caso extraño. Casi siempre me dice “amigo” y de vez en cuando se le escapa un “mi amor”. Hice cálculos para ver si dependía de cuántas cosas compraba, pero no. Es random el asunto, así que ya no voy tanto por ahí.
La de la mercería anota el nombre en un papelito y lo engancha al jean. No me da ningún papel ni nada y yo pregunto con miedo si ya está, si me voy y vuelvo el día pactado sin ningún tipo de comprobante. Curiosamente siempre funciona.
Y ahora abrieron una heladería en la esquina. Veremos qué pasa.
Comments Off